Mara Aranda&Solatge, Dèria

biografia

 

 

 

 

Sesión de fotos para el disco Dèria en el casco antiguo de Valencia.

Fotógrafo: Luís Umbría

Maquillaje: Rebeca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grabación en los estudios Aural de Xirivella.

 

 

 

El resultado del trabajo de fografía, diseño, composición de textos, arreglos musicales, soporte económico, asesoramiento, logística... se ven plasmados por fín en Dèria, el primer disco de Mara Aranda&Solatge.

 

 

 

1

               Jadea la tramuntana en Punta Nati en los primeros días del invierno menorquín. Los rebaños escuchan su invitación a la locura resguardados dentro las barracas de piedra seca. Pasa la tramuntana por el golfo de Roses y el Empordanet dejando el cielo limpio y pintando la noche de un azul oscuro y metálico. Silba el lebeche castigando el Cabo de San Antonio, estremeciendo los agaves y deshojando el espliego. Ruge el cierzo bajando por el Ebro, golpeando furioso los setos y secándolo todo a su paso. Un pastor descansa en un sesteadero camino del llano. A su lado, los olivos retuercen un poco más su piel agrietada y lloriquean dejando pasar el vendaval entre sus hojas. El pastor se ha sentado al borde del fuego y ha sacado, de un hatillo de pelliza, un rabel que se hizo hace unas semanas con una calabaza seca. Da dos bocados a un mendrugo, templa las cuerdas de tripa con cuidado, suspira profundamente y empieza a cantar un viejo romance que le hace compañía. Los gemidos del rabel se confunden con el viento que hace esquejes de la melodía y se los lleva buscando el mar. El cancionero bajaba del Pirineo por los lligallos y cañadas de la transhumancia, por las rutas pesadas de los arrieros, por los caminos secretos del viento.

2

               El aceite crepita en la paella donde se doran unos dientes de ajo. Hay un cubo lleno de salmonetes frescos y un cesto con ñoras secas. El olor del sofrito se mezcla con el olor marino que dejan ir las redes al sol y el salitre que arrastran las rachas suaves del levante. Muere el día por poniente y Venus azulea cenital en medio de un cielo que tiene todos los colores del malva. Bajo un cañizo, alrededor de una mesa de mármol y sentados sobre sillas de enea, un grupo de pescadores apura la jornada con tragos breves de vino. Uno ellos musita una canción mientras pierde su mirada en el fondo del vaso como escrutando el poso púrpura del líquido. Canta una melodía italiana que aprendió de unos marineros napolitanos con quienes había coincidido en aguas de Argelia. La melancolía de la canción parece contagiarse al mismo mar que languidece en silencio. El cancionero entraba por los puertos enganchado en las cajas de congrios y lubinas, como un manojo de algas, como el olor del mar.

3

               San Juan ha llenado de fuegos la noche mediterránea al tiempo que junio ha llenado ramblas y barrancos de adelfas en flor. Hace unas horas, un sol violento abrasava las piedras y sólo la rebanada de mar que se divisaba por levante combatía, con pequeños centelleos azules, el blanco unánime de la luz. Polvo, sudor y cansancio en las eras: los mulos daban vueltas exhaustos sobre el trigo maduro, conducidos por un canto de trilla que trataba de calmar las penurias del trabajo: “Todavía no son once, y el sol ya pica...”. Sin embargo, ahora la gente ríe, canta y baila en torno a las hogueras y repite con profunda convicción los ritos ancestrales: saltar el fuego, tirar cohetes, cosechar hierbas medicinales para todo el año, mojarse los pies en el mar y, en el caso de las mujeres solteras, esconder una flor de alcachofa debajo de la almohada. Desde los valles del Pirineo a las llanuras costeras se escucha el fragor de las celebraciones y sus músicas infecciosas. La canción participaba del trabajo y de la fiesta, se elevaba hacia la bóveda del cielo, con el humo de las hogueras y el polvo de las eras, y extendía sobre el país su finísimo manto de bienestar y consuelo.

4

               El rey disoluto yace con una doncella aparentemente desconocida. Afuera de la habitación vigilan “veinticuatro hombres buenos y abades y priores y el oficial del obispo y hombres de orden y doce mujeres y doce doncellas con los cirios en la mano... y dos notarios” para constatar la consumación de la cópula. El rey yace con la reina, pero no lo sabe: sus apetencias sexuales se dirigían hacia otras “gentiles mujeres” y ahora ha caído en la trampa. Esta noche, si hemos de hacer caso a las crónicas reales, será engendrado el futuro Jaume I y, con él, una nueva fisionomía para el mediodía de la Europa medieval. Todo sucederá en un breve intervalo de tiempo: poco después, Pedro el Católico, el rey engañado, caerá en la batalla de Muret y la corona catalano-aragonesa renunciará definitivamente al sueño occitano para iniciar un expansión hacia el sur y hacia el mar, cuando el joven rey alcance la edad de guerrear. El nuevo Reino de València, ganado palmo a palmo a los andalusíes, se llenará de colonos que bajarán de Aragón y Cataluña, aventureros a la búsqueda de botín, campesinos huyendo de funestas servidumbres, cátaros occitanos escondiéndose de la cruzada albigense. Y todos habrán de convivir a la fuerza con los antiguos propietarios de la tierra que permanecerán todavía cuatro siglos sometidos a los nuevos señores. Catalanes, aragoneses, occitanos y musulmanes conformarán así el poso del cual aflorará, años después, una nueva y particular identidad.

5

               Romances trágicos cantados al borde del fuego, cantos de trilla improvisados sobre frases de fandango, danzas de fiesta que esconden ceremonias de galanteo, melodías que bajan por los ríos o suben hacia los cerros. Mara Aranda y Solatge han querido iniciar la singladura musical de su proyecto confeccionando un repertorio recogido en los territorios del que fue la Corona de Aragón: un franja de tierra que se estira desde la bisagra pirenaica persiguiendo el litoral mediterráneo y se lanza mar adentro abrazando un puñado de islas; un país de identidad heterogénea y vacilante, custodio de un riquísimo cancionero surgido de la confluència y la sedimentación de culturas diversísimas, venidas de oriente y de occidente, con la mar presentida siempre por levante. Canciones de braceros que llegan de tierras remotas para hacer la cosecha, de ciegos que recorren caminos polvorientos para ganarse el pan a base de romances, de músicos contratados para la semana de fiestas, de pastores y de arrieros, de artesanos y de menestrales, de campesinos y de pescadores. Los reyes dibujaron los mapas, erigieron fronteras, otorgaron fueros. Las músicas vendrían, sin embargo, de la mano de hombres y mujeres ajenos al devenir de las intrigas políticas, de las veleidades sexuales de la realeza, de sus codicias territoriales. Habitantes fortuitos de un país que a duras penas les ofrecía pan y lecho, que adoptaron un puñado de canciones apátridas y, seducidos por sus valores estéticos, las conservaron en la memoria y las transmitieron a sus hijos. De la destilación de aquel poso, y de la determinación de los músicos para subsumir en él su maquinaria creativa, nace ahora este disco: si prestáis atención escucharéis como laten en su interior, como un murmullo mortecino, el rabel del pastor, el canto musitado del pescador, el polvo de las eras, el humo de las hogueras y un diáfano, profundo, rumor de mar al fondo.

 

 

textos: Josep Vicent Frechina

 

 

ROMANCE DEL MONTAÑÉS / BALH DE GARRÒTS

De las redoladas pirinencas de Chazetania, Alto Gálligo y Sobrarbe, bajaban los romances aragoneses hacia el llano de los Monegros siguiendo las rutas naturales de los rebaños y las mercancías. Allí fue recogido este célebre romance, conocido también como el “Romanze de Marichuana” y conservado en su aragonés original. Parece que se solía cantar en Castillón de Monegros la víspera de la fiesta de Santa Ana. Como la propia canción, el protagonista baja del Pirineo buscando esposa y echa raíces en el llano. Sigue al romance una melodía aranesa de baile de bastones muy popular en otras comarcas catalanas.

 

 De los altos pirineos
m’en bajé a la tierra plana
por cortejarle a una dona
que marichuana se llama.
Las mangas de lo gambeto
me llenaron de manzanas.
“Si te quiés casar con yo,
piénsatelo Marichuana.
Las alhajas que yo tengo
las diré en pocas palabras:
tengo una sartén sin coda
Que me la dio la tía Juana,
tengo una olla desansata
que me la dio la tía Urbana,
y también tengo un espedo
que me lo fize de caña”.
Preparemos lo bodorrio
con toda la parentalla.
Y vino el señor rector
con un sombrero de palla;
Y luego me preguntó
si quería a Marichuana
Y también le contesté
palabras muy escusatas:
que siempre la voy siguiendo
como lo buco a la cabra.
Y para cenar pusieron
una poca carne asada,
y pusieron unas coles
porque a todos nos gustaban.
Y estando a mitá de cena
sentimos ya la gaita
y nos marchemos ta’l baile
a bailar cuatro tocatas.
Y estando a mitá del baile,
lo miembro que se estiraba.
Y nos marchemos ta casa,
nos echemos enta cama,
hicimos un par de alforchias
de cuatro varas de llargas;
hicimos uno mocé
más hermoso que la plata.
Y lo mandemos ta’l mundo
a hacer el trica la traca.
Con esto y que darte adiós,
hermosísima Marichuana,
el romance ha terminado.
No debiera terminar,
en Castejón de Monegros
siempre hubiera de durar.
 

 

EL JILGUERILLO/AUBADA GENERALA DE VIELHA

También de la redolada de los Monegros procede la melodia de “El jilguerillo”. Su letra original, escrita per algun párroco o algun erudito local, posee un tono coercitivo, edificante, alejadísimo de los códigos estéticos populares: “tente y no cantes jilguerillo, / tente y no cantes ruiseñor. / Ya sale a cazar Cupido, / guarda guarda bien el nido, / con las alitas de tu rigor”. Le sigue la melodia de una aubada aranesa, danza que en algunos pueblos del Valle de Arán se solia bailar en homenaje a los forasteros que habían acudido a la fiesta.

Alilorei alilireta porta al cabell un passador.
Alilorei aliloireta mira la nina va pel pont.

Ja voldries que et mirara, que no et girara la cara,
que no et digués llimeta agra, tarongeta sense suc.
Ai de la pena de l’aimador!
Alilorei alilireta amb les sinagües pels genolls
al davantal diríem cintes, la cinturella alilairó.

Ja voldria que em mirares i no em girares les galtes.
Escoltar-te dir no tardes, que m’han enganxat les branques
Ai les faldilles que noves són!

Alilorei alilireta quan dic que si tu dius que no
Alilorei alilireta quan dius que si jo dic que no
Si pugués i tu em deixares, si vullgués i me’n fiares,
faríem fi a les caminades, mudaria les sabates
per festejar-te com Déu si vol .


 

 

 

BOLERO DE GUADASSUAR / CANÇÓ DELS INNOCENTS

El bolero, siempre solemne, refinado, teatral, parece que bajó de los salones  aristocráticos a la calle para hacerse más o menos popular. Hijo ilegítimo de la seguidilla, y a menudo injertado de fandango, su ademán atractivo y sus bellísimas músicas hicieron fortuna en muchas comarcas valencianas, especialmente en la Costera y la Ribera. De esta última, tendida hacia el mar resiguiendo el azaroso trazo del Júcar, procede la melodía del Bolero de Guadassuar, recuperada de una antigua partitura manuscrita.

En tindria de pena i em commouria.
El plor el qui vullguera
no tinc de pedra el cor.
I esvalotades amb dures ales
les aus que duen les noves,
d’una a l’altra torre.
I com s’esparverava l’ànima meua
en sentir l’esbart
que em portà benaurança.

Quan brollaven els planys
del pit d’aquell que jo vaig estimar,
m’ofegava en precs callats.
I deixa’m si vull plorar
perquè és la meua tristor.
I els laments que no entengues,
deixa’ls, que no són pocs.
I si vols pots plorar
perquè del teu pesar ningú no en sap,
i qui sap és perquè ho vol.

En teníem somriure de praderia
i als monts esguard.
Tu al brancatge i jo al fullam.
I quan ferida de mort me n’estremia,
el qui m’estimara, no volia la vida.
I amb els ulls resseguia el vol del corbs,
Ai gran desestimat les sagetes van per als dos.

No et confie bondat
perquè no et vull i mai no t’ho he amagat
Tu no em vols i el món no es cau.
I es un secrets a crits i clams
que no ens importa i prou.
 

 

NANS DE XÀTIVA

La procesión del Corpus representa el esplendor de la fiesta barroca: sensual, grandilocuente, excesiva, doctrinaria. Su simbología, abigarrada y compleja, donde participan enramadas, bestiario, personajes bíblicos, danzas rituales, paradas militares y órdenes religiosas, todos estrictamente jerarquizados, resulta prácticamente indescifrable para una mirada actual. El Baile de Cabezudos era —y es— uno de sus elementos integrantes. Reciclados, seguramente, de alguna ceremonia pagana, los cabezudos se incorporaron a la procesión para simbolizar la situación de inferioridad y de acatamiento de los territorios infieles al misterio de la eucaristía. En la procesión, los cabezudos desfilan y ejecutan una danza que sigue el modelo de los bailes públicos valencianos tradicionales.

 

Aigua no en beurà ni en voldrà
qui no sap de pou i de poal.
Mare bona, bon braç
cura i nafra tot de dolç grat.
Ai agre el vi breu al tast!
Fam i fel dels anys que han passat
doblegat el llom lluny del pa.
Espiga de l’aire, aire i va.

Qui no sap del verd d’olivar,
qui no toca terra amb les mans,
no comprén rialles ni plor,
no gau vida ni tem la mort

Ençà no ho hauran oblidat,
i de tant en tant el pesar
els sorprén de sobte al cantar
les velles tonades dels nans.
No ho hauran pogut oblidar.
Del pesar han fet un plany calm.
Es sorprenen quan al cantar
posen veu a l’aire, aire i va.

 

 

 

QUATRE TRAGINERS

Los arrieros llenaban caminos y sendas con el chirriar de sus carros y el resonar de las herraduras de las béstias. Transportaban mercancías y noticias, siempre expuestos al ataque de bandoleros y malhechores, durmiendo al raso y desplazándose por rutas imposibles.
El cancionero tradicional reserva un espacio para glosar sus heroicidades y sus miserias, especialmente en territorios de topografía arisca y vientos despiadados. En el Pallars, en el Ripollés, en la Ribagorça, donde los pasos del Pirineo alimentaban leyendas y rumores, se cantaban canciones como ésta, desfigurada por el tiempo pero todavía tocada de un halo inquietante.

 Quatre traginers
que a la riereta porten cascavells.

El manto molt llarg,
l’aigua se l’enmena riereta avall.

Reclamen els sants,
els sants i la Verge.
La justícia els pren,
els sants i la Verge,
la justícia els pren.

I a la mitja nit
si els hi anat a veure la Mare de Déu,
si els hi anat a veure amb claus a les mans.
 

 

LA PORQUEROLA

Los caminos del romancero se estiraban con una elasticidad misteriosa. El romance de “La Porquerola” nació, seguramente, en algún lugar de Francia u Occitania y rápidamente se extendió por toda la Europa occidental: Alemania, el Piemonte, la Lombardía, la Provenza, Cataluña, el País Valenciano, las Islas Baleares... La historia de la porquera traicionada por la suegra y redimida por el marido suscitó la simpatía de culturas muy distantes: una sincronía sentimental vencedora de idiomas y fronteras.

 

El rei n’ha fetes fer crides, que crides n’ha fetes fer,
que tots los mes galants homes a la guerra els ha mester.
Jo que tenc la muller jove a qui li la deixaré?
La deixaré a ca ma mare que la’m guardarà molt bé.

Al cap de les set setmanes, porquerola la va fer,
a la redoneta, porquerola la va fer.
I al cap de set anys que passen, veu venir un cavaller.
La porqueroleta veu venir un cavaller.

Déu vos guard, la porquerola, Déu vos guard bon cavaller.
Dis-me porquerola quin hostal hi ha vinent.
A casa la meua sogra trobareu tot lo mester.
Te d’allò que agrada per complaure als cavallers.

No em diríeu hostalera, quin sopar hi trobaré.
Hi ha gallina a l’olla i carn de moltó també.
Voleu dir-me hostalera, esta nit amb qui jauré.
Amb la porquerola que ma filla guardaré.

Fa set anys que en llit no em gite, altres set que n’estaré.
A prop la fogada, com si fos un gat cendrer
Si el vostre fill vos sentirà, vos en guardaríeu bé
Set anys no en tinc home, i esta nit tampoc tindré.

L’agafà per la mà blanca i a la cambra la dugué
Tu que no em coneixes, ara jo em descobriré
Catalina, catalina, tu n’ets la meua muller
I la porquerola en sos braços romangué

A on son les robes bones que tenies tu primer
Les te vostra mare, vostra germana també
Si no fóreu mare meua, de vos faria un cendrer
I vos ventaria en el puig més alt que se.

 

 

FANDANGO DE LA SERENA

La pervivencia del cancionero sefardí es una ejemplo escalofriante de fidelidad cultural y una de los enigmas más fascinantes de la música popular.

Los descendientes de los judíos hispánicos llegados a Salónica hace más de quinientos años custodian aún un repertorio monumental de donde procede esta bella canción de amor. Sus estrofas, utilizadas todavía sobre melodías de jotas y fandangos por todo el país, esconden algunos turbadores arcanos culturales: el mito de las sirenas, fórmulas retóricas inspiradas en el Cantar de los cantares ...

 En la mar hay una torre.
En la torre una ventana.
En la ventana una niña
que a los marineros llama,
que a los marineros llama.
En la mar hay una torre.

Dame la mano palomba
para subir a tu nido.
Maldicha que durmes sola,
kero subir onde ti.
Kero subir a tu nido,
dame la mano palomba.

Si la mar fuera de leche,
los pececicos d’almibar,
los barquitos de canela,
yo me mancharía entera,
por salvar la mi bandiera.
Si la mar fuera de leche.

Si la mar fuera de leche
y la noche no s’hisiera,
yo me haría pescador.
Pescaría mis dolores
con palavricas de amor
aunque nunca las pidieras.


 

DANSA DEL VETLATORI

En la sociedad rural valenciana la muerte de un niño se consideraba motivo de celebración: no había perdido la inocencia y, por lo tanto, su destino seguro era el cielo. Al amparo de esta creencia, el velatorio de la criatura se convertía en una fiesta donde no faltaban la música y las danzas. La idealización del ritual por parte de los grupos folclóricos propició la aparición de diversas "danzas del velatorio" que, sobre la estructura musical de unos fandangos de la comarca de la Costera —los conocidos como "doce y uno"—, simbolizaban un emotivo homenaje al niño difunto. El poeta Toni Mestre escribió después unos versos inspirados en el dolor de la madre que completan esta bella pieza de neofolclore popular.

 

Jo tenia un hort florit
de clavells i d’assutzenes,
de roses i de gesmils
que em llevaven dols i penes.

Cada dia matinet,
quan el sol d’orient eixia,
saludava al bon matí
amb el cor ple d’alegria.

Ara només puc plorar
llàgrimes de melangia.
Un mal vent se m’emportà
el clavell que més volia.

No hi ha consol per a mi,
però una cosa us diria:
gràcies amigues i amics
per la vostra companyia.
 

 

BATRES

No había en el campo trabajo más duro que la trilla: una vez segado el trigo, había que separar el grano de la paja. Un hombre, encima de un trillo que arrastraban dos bestias, daba vueltas a la era aplastando la parva extendida en la era mientras otros hombres, con horcas, aventaban la paja y amontonaban el grano. Para animar el trote del animal se cantaban unas tonadas de una profundidad expresiva inaudita que exhibían una extraña filiación oriental.

 No plantes vinya en costera,
ni sembres blat en barranc,
ni et cases amb forastera:
mira que te enganyarà.

Cavallers mireu si es pena
que un home tan divertit
en el temps de la faena
està gitat en lo llit.

Amb eixos colors de cara
i eixe monyo tan rissat
cada volta que te mire
estic més enamorat.

El sol ja se’n va a la posta,
les gallines al joquer.
Que mal li sabrà al meu amo
pagar-me el jornal sencer.

Maravilla és tio meu
i en morir-se em deixarà
la guitarra i el pandero
i la gràcia pa cantar.

 

ELS CONTRABANDISTES

La topografía brusca y salvaje de los Pirineos los ha erigido en un país frontera donde el dominio de los pasos y la comunicación entre los dos lados de la cordillera se ha convertido en un factor estratégico de primer orden. En la comarca del Ripollés había diversas rutas para traspasar el linde jurisdiccional y llegar al Vallespir: por el collado de Ares o por el collado del Malrem trajinaban los paqueteros haciendo contrabando de bienes y comestibles, de licores y tabaco ... en una actividad que contribuía notablemente a sanear la magra economía local. Sus peripecias han quedado fijadas en el cancionero y han alimentado de leyendas el imaginario colectivo.

Quina cançó cantarem que tots la sapiguem? la dels contrabandistes.
a Banyuls varen anar a tabac a carregar tota una companyia.
En passar per fortià però, es varen toparamb la fomuda espia,
que a figueres se’n va anara contar-ho al capità: n-he vist contrabandistes


Bé me’n direu quants n’hi ha, me’n direu quants n’hi ha,vós que els haveu vistos.
Quaranta n’he comptat que ‘naven molt ben armats trabucs i carabines.
El capità va cridant: -minyons, au, endavant,anem a perseguir-los!
i allí on els trobarem baionetes pararem! farem carnisseria!

I en passar per Galliners allí ja hi varen ser amb els contrabandistes
ganivetades i trets la compànyia han desfet dels braus contrabandistes.
En veure tant de diner tots hi van voler sera grapats replegar-ne.
Ai, cançó qui t’ha dictat?un que en això s’ha trobat, un gran contrabandista.